Perderse por la dunas

Buenos días desde mis lunes en Facebook, no sé si sois conscientes que hay personas que lo están pasando muy muy mal, y no me refiero a personas que viven en países lejanos, me refiero a personas con las que os cruzáis todos los días cuando salís de casa. El resto, intentemos no quejarnos mucho, por favor. Y si nos quejamos tenemos que ser conscientes que desde la queja no podremos arrancar de nuevo. Sé que a veces no es fácil, le comentaba hace unos días desde el aeropuerto de La Palma y por teléfono, a un paciente que lo está pasando muy mal y me decía que le ayudase. A veces me gustaría entrar en el cerebro de las personas y reconectar esas neuronas que se les desconectaron, pero afortunadamente no puedo y digo afortunadamente porque no soy yo quien debe hacerlo, somos cada uno de nosotros los que tenemos que intentarlo con respecto a lo que nos pasa. Y si no tenemos fuerza para hacer algo, tendremos que hacerlo sin fuerza, no hay otra opción, aunque nos cueste un mundo. Se que esto es muy fácil de decir y difícil de hacer, lo digo como profesional de la salud y por lo que me corresponde como un ser humano mas con sus problemas. Este fin de semana wasapeando con una “amiga muy top” J le contaba que sentía un poco de melancolía, y que iba a sentarme con esa emoción y un Te Chai J durante 7,5 minutos, ni un segundo mas, ni un segundo menos, y que luego saldría a perderme por las dunas J  Para mi el bienestar integral es la combinación óptima de todas las emociones, cada emoción en su dosis adecuada, en el momento oportuno y con el punto de intensidad justo. Si aprendemos a gestionar (porque las emociones no se pueden controlar) el miedo, la nostalgia, la tristeza, la ira, la rabia, la frustración, la esperanza, la ilusión, la alegría y todas aquellas emociones que se os ocurran, creceremos un palmo como personas, pero no un palmo cualquiera sino el palmo mas sostenible que os podáis imaginar y entonces en vez de “caeros hacia abajo” ante la adversidad, aprenderéis a “caeros hacia arriba” J, que no es otra cosa que elevarse por encima de las “circunstancias a superar” para coger distancia y diseñar, desde la serenidad, la estrategia de afrontamiento mas óptima y saludable para nosotros y para nuestro entorno, aunque al principio nos cueste dormir.